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Alejandro Martin Jimeno Alejandro.MartinJ at telefonica.net
Tue Oct 26 18:59:29 CEST 2004


__El OICPV o la patafísica realizada__
__Jose Manuel Rojo__


Texto publicado en la revista Engranajes nº 2 < 
http://www.altediciones.com/engranajes.htm > (Sevilla, primavera 2002). 
Jose Manuel Rojo es miembro del Grupo Surrealista de Madrid 
<http://www.altediciones.com/salamandra.htm >. Otros textos de Jose Manuel 
Rojo: Consecuencias del mal uso de la electricidad < 
http://www.altediciones.com/t19.htm >, Tiempo de carnaval < 
http://www.altediciones.com/maldeojo/01006.htm > .

Sobre Patafísica: VV.AA.: 'Patafísica < 
http://www.altediciones.com/0152.htm  > (Logroño, Pepitas de Calabaza, 
2002). Textos relacionados: En el umbral de la 'Patafísica < 
http://www.altediciones.com/t31.htm > (Roger Shattuck).


Ya se sabe que los ideales y valores de los que más presume una época 
histórica son precisamente aquellos que menos existen en la realidad. Se 
sueña con princesas que se casan con campesinos, porque la distancia real 
que separa a estos dos estamentos es inmensa e irreversible. De ahí los 
mitos, y las ideologías, que pueden hablar tanto de los deseos 
irreprimibles de una clase social, como de las justificaciones y coartadas 
de la otra; al menos en el mito, existe una ambivalencia que permite 
ciertas sorpresas o sobresaltos históricos, cuando el mito consolador /se 
toma al pie de la letra/ y se exige su realización. Entonces se provoca, 
violentamente /porque/ es necesario, el Milenio, para colmar todas las 
distancias y celebrar todas las bodas. Mientras tanto, se siguen pregonando 
las mentiras, las ilusiones van por un lado, y la vida por otro.

Si aplicáramos esta sencilla ley a nuestra época, llegaríamos a la 
conclusión, entre otras muchas cosas, que nunca antes el ser humano se 
había aburrido tanto, ni su vida ha sido tan monótona y vacía, puesto que 
en todo momento se nos quiere convencer de que estamos rodeados de 
diversiones, que somos capaces de reinventar nuestro comportamiento de 
forma libre y espontánea, de que somos, en fin, un pozo inagotable de 
creatividad. /Y en cierto modo es así/, al menos para una franja cada vez 
mayor de la clase trabajadora que se ve explotada en las condiciones de 
producción del capitalismo posindustrial, o /capitalismo de espíritu/ el 
que se dedica sobre todo a producir, comerciar, publicitar y vender las 
mercancías basadas en los sentimientos, emociones, deseos y fantasías de la 
propia población. Aquí se exige creatividad, compromiso emocional, 
sentimientos a flor de piel, flexibilidad conceptual, gusto por la aventura 
mental, y no sólo a los altos directivos. Pronto, a todos, hasta a las 
cajeras de los supermercados o a los repartidores de pizzas, se les 
conminará a /que se les ocurran cosas/, para atraer al consumo y 
multiplicar los beneficios. /"Los tiempos han cambiado, hace falta pensar y 
reaccionar, y sé con pena que no podrás vivir en este lugar. Ya no tendrás 
hogar alguno, los rincones de los despachos te repudiarán, Y si alguien te 
ofrece cobijo, pues a ese alguien también habrá que despedir. Sin demora. 
Sin mano trémula. Y sin indemnizar"/. Así reza una lamentable /Oda a la 
mediocridad/ que una empresa de publicidad se permite lanzar a los cuatro 
vientos, como manifiesto del Nuevo Orden, como nuevo contrato social. El 
mediocre, que no es lo mismo que el vago de la cadena de montaje contra el 
que luchaban las draconianas reglamentaciones del fordismo, será despedido 
sin indemnización por no imaginar, por no tener fantasía, por su falta de 
corazón. Y a la salida de tan excitante jornada laboral, la fiesta 
continúa, pues el mundo se ve convertido en el país de las hadas por obra y 
gracia del espectáculo, con sus efectos especiales, con sus hechizados que 
se pasean con cadenas voluntarias por los pasillos virtuales de la casa de 
vecinos global, con sus tierras encantadas por los parques temáticos, con 
la realidad echada a perder por la ficción que responde a un único y 
despiadado imaginario: el imaginario de la economía.

Y sin embargo, /la gente se aburre/. Porque a esos a los que se les pide 
que se les ocurran cosas ficticias, nunca /les ocurre nada verdadero/; 
porque esos juegos de manos y esa magia degradada /tampoco/ nos pertenece, 
pues no responde a ningún deseo profundo sino a lo que dicen las encuestas 
sobre las tendencias de mercado (todavía no son lo mismo...); porque 
nuestro comportamiento sigue siendo estereotipado, responsable, ordenado, 
previsible y vulgar, racionalista (sí, racionalista en el peor sentido de 
las palabra puesto que nada debe salirse del cálculo de proabilidades de la 
economía y del control social) y lógico, a pesar de las máscaras de la 
demencia que la farsa nos ofrece. Porque esa creatividad se dedica 
exclusivamente al trabajo, y se agota en él, de modo que, en el así llamado 
tiempo de ocio, no se espera que el consumidor sea realmente /creativo/ 
(entonces no consumiría, incluso tal vez hasta se negaría a trabajar), sino 
que acepte las reglas del juego de los entretenimientos del espectáculo, 
que simulan tanto como niegan la verdadera imaginación. La vida se malogra 
así en una infinidad de tareas que parecen variadas por incomprensibles, 
que parecen entretenidas por absurdas, pero que en definitiva conforman la 
geografía desoladora de la alienación y del aburrimiento contemporáneos.

En este contexto se entiende que la lucha por los derechos de la 
imaginación sigue siendo tan acuciante como antes, y que los programas 
utópicos del surrealismo o de la I.S. siguen de alguna manera vigentes, 
porque, escandalosamente para nosotros, todavía no se han hecho realidad. 
Pero se equivocaría el que pretendiera aplicar las recetas polvorientas de 
la misma manera que en su época original (y ya en esas épocas, fracasaron), 
porque el combate es hoy otro. No contra un orden victoriano que 
encorsetaba las pasiones y condenaba al individuo a unas reglas morales 
rígidas, a unas actitudes codificadas según el estatus social, sexual o de 
edad, reglas que sofocaban cualquier emoción y cualquier espontaneidad; más 
bien, la lucha es contra un /mercado de la personalidad/ en el que no hay 
instinto humano, pasión irracional o acto delirante que no encuentre su 
modelo y rol conformados como objeto de consumo, de tal forma que, dentro 
de la enajenación social, nadie sea capaz de encontrar el camino de su 
verdadera enajenación individual, pues cualquier acto, hasta el más 
delirante o el más sacrílego, no parece sino que imita uno de los infinitos 
roles que nos ofrecen los escaparates del mercado. Tampoco contra un 
racionalismo estrecho que condenaba a la /loca de la casa/, la imaginación, 
al infierno de la marginalidad o la locura; más bien, contra la 
legitimización como herramienta de la mercadotecnia de una imaginación 
corrompida por las fantasías del espectáculo, que identifica /imaginar/ o 
/soñar/ con /comprar/, y que presume de que "todo es posible", que se trata 
tan sólo de "imaginálo y hazlo", a condición, claro está, de la negación de 
la facultad primordial de la imaginación, la única que en definitiva nos 
interesa, que consiste en la capacidad de desear, proponer y hacer 
deseables otras alternativas vitales, sociales, políticas y económicas al 
orden dominante (ver nota nº 1) . Ni siquiera, en fin, contra un orden 
lógico diseccionado por una ciencia que ha decretado la extinción de lo 
maravilloso y de lo absurdo; otra vez, contra el delirio científico que no 
admite más /maravillas/ ni más /absurdos/ que los que ella misma se dedica 
a crear y propagar bajo la forma de horrores y de monstruos en un mundo 
reconvertido en inmensa isla del doctor Moreau. Estas serían algunas de las 
coordenadas del nuevo mapa de la vieja lucha. Faltan, claro está, otras 
muchas más. Y no se ha hablado de las armas a nuestra disposición. Sin 
duda, los movimientos que han hecho de la realización de la poesía su razón 
/utópica/ de ser, pueden proporcionar todavía un arsenal muy prometedor, 
siempre que se /corrija el ángulo/ de su punto de mira para adaptarlo a las 
condiciones actuales. En ese arsenal, bajo extraños cachivaches y máquinas 
inservibles, se esconde una bomba negra y redonda provista de una evocadora 
y larga mecha. Se llama la patafísica.
* * *

No se trata de resumir ahora la historia de la /pataphysica/, esa "ciencia 
de las excepciones y de las soluciones imaginarias" creada por Alfred 
Jarry, que a través del humor, del cultivo de lo absurdo y de la parodia 
del método científico pretendió "describir un universo que se pueda ver, y 
que quizás se deba ver en lugar del tradicional". Conformémonos con 
recordar cómo la patafísica, que puede ser interpretada como la filosofía 
última del Simbolismo que prepara ya el camino teórico a los profetas de la 
realización de la poesía, fue desviada con la creación del /Colegio de 
Patafísica/ en el París de 1948 hacia la fundación de una jerarquía, mitad 
aristocrática mitad cirquense, en la que entraron viejos camaradas de Jarry 
supervivientes de la /Belle Epoque/, exsurrealistas, surrealistas, 
surrealistas-revolucionarios, letristas, antiguos futuristas y 
francotiradores varios. A pesar de sus fértiles ocurrencias, la patafísica 
oficial y celosa de su denominación de origen terminó fosilizándose en el 
dogma, la secta y la repetición de los mismos chistes al calor de un fuego 
ya languideciente y en vías de extinción. El mayor error, sin embargo, 
consistió en el desaprovechamiento de la energía de la patafísica, que se 
utilizó para experimentos literarios finalmente banales como el OULIPO, en 
vez de utilizarla para desarrollar lo que la propia patafísica ya era en 
germen: por un lado, una crítica de la ciencia y de la técnica tanto más 
efectiva cuanto que se basaba en un razonamiento tan lógico como 
humorístico y poético. Por el otro, un método de subversión de la vida 
servil, un código de conducta, de gimnasia corporal y gestual, una esgrima 
de actos cotidianos capaz de desbaratar el entumecimiento eterno de la 
marioneta humana. Como decía uno de los grandes sátrapas del /Colegio/, 
Noel Arnaud, "la patafísica es una ciencia de la observación, o una manera 
de ver, de la que los exaltados pueden deducir un arte de vivir". Ese /arte 
de vivir/ es el que en su momento apuntaron los surrealistas, por medio del 
acto irracional, del escándalo o de la confiada aceptación del azar; o los 
situacionistas, con su búsqueda racional y consciente de una nueva vida. 
Ese arte de vivir es el que igualmente necesitamos hoy, sólo que todavía 
más refinado, pues las /actitudes pasionales/ que puedan desacreditar la 
supervivencia superándola no pueden ya no confundirse ni solaparse con el 
catálogo de manías y de espasmos de polichinela del espectáculo, y, sobre 
todo, más /negativo/ (ver nota nº 2). Para la reconstrucción de ese arte de 
vivr, como para el lanzamiento de la imprescindible ofensiva de gran estilo 
contra la civilización tecnocientífica, hemos encontrado en el viejo 
arsenal la bomba patafísica.
* * *

Porque afortunadamente, la patafísica es una sustancia demasiado explosiva 
como para que las instituciones (¡aun /pataphysicas/!) pudieran almacenarla 
sin peligro, y así se producen tranfusiones de la antigua energía que anima 
en otros tiempos y en otros lugares una actividad análoga. Como /El Otro 
Ilustre Colegio de Patafísica de Valencia/ que se empeña, desde su 
fundación en 1990, en renaudar y proseguir la agitación del /Chat Noir/ de 
París, o del /Cabaret Voltaire/ de Zurich, utilizando sus mismas armas: el 
humor, la provocación y el caos. El objetivo, que insiste en la brecha 
abierta por el surrealismo, es nada menos que "hacer conscientes los 
procesos inconscientes". Ahora bien, hoy el inconsciente ya no es lo que 
era, y quizás no nos permita revelar maravillas sino pesadillas, y en vez 
de iluminar confunda y mienta, pues también él, como realidad que es, está 
impregnado de las quimeras de la economía y del consumo. No importa, pues 
la labor profiláctica es tan necesaria como la genésica. "El OICOP se 
yergue como órgano y símbolo del ridículo de una época que no ha sabido 
administrarlo", reza el manifiesto del OICOP del Dr. D. Quatre Vingt 
Cocotiers. Más bien, ese ridículo se administra a manos llenas, hasta 
anegarnos, pero no se quiere reconocer como tal, como materia constituyente 
de nuestra sociedad, sino como /entretenimiento/; haría falta entonces 
/hacerlo consciente/, sin falsas coartadas, para despues destruirlo. Para 
ello, nada mejor que la construcción de situaciones /absurdas/ que revelen 
el absurdo de la normalidad razonada y de la religión de lo útil, y que 
permitan la irrupción, siquiera efímera, de la imaginación autónoma que no 
sólo rotura la mediocridad ridícula de la vida cotidiana, sino que, sobre 
esa tierra baldía, se atreve a echar los cimientos de otra etología humana.

En otras épocas más felices y menos escépticas, menos estragadas por el 
atracón del espectáculo, hablaríamos de que con el OICOP llega el soplo de 
la libertad. Hoy no nos atrevemos a tanto. Sea como fuere, vestidos como 
caballeros de entreguerras, o, mejor aún, de principios de siglo (del siglo 
XX, decimos), el Colegio, en una de sus muchas encarnaciones, se entrega a 
una actividad "artística" que resulta difícil de catalogar, una mezcla de 
actuación musical, pantomima y recital de poesía que por participar de 
todos los géneros muertos inventa uno nuevo, melancólico y grotesco, el 
número de la patafísica. Quien haya asistido a algunas de sus "veladas", 
puede dar fe de que no se trata en ningún caso de una revisión arqueológica 
o estetizante de esos modelos históricos que supieron encarnar la rebelión 
pura y el furor organizado a la vez que desesperanzado. Todo lo contrario. 
Por medio de una taumaturgia que se nos escapa, el libre /espíritu/ que 
poseyó a Alphonse Allais o a Hugo Ball se transmite, literalmente, a las 
huestes del OICPV, que retroceden así a la edad del salvajismo, o de la 
infancia. Y hay una violencia poética inmanente a sus escenificaciones, que 
llega a conmover los espectadores, que si al principio sonríen 
despreocupados pueden muy bien sentir vértigo cuando las luces se 
encienden, un vértigo no precisamente ilusorio sino /físico/. A veces esa 
violencia es casual y gratuita, a veces no (ver nota nº 3).

Por otro lado y como era previsible, al proponerse injertar los procesos 
oníricos en una actividad cualesquiera (en este caso, una actuación 
músico-teatral) de lo que llamamos realidad o estado de vigilia o vida 
consciente, el OICOP se reencuentra con el problema que ya advirtió el 
surrealista belga André Souris al estudiar las relaciones entre surrealismo 
y música: que es imprescindible partir de elementos reales, entendidos como 
lugares comunes reconocibles por todos (una música monótona y mal 
interpretada que se basa en Satie pero también en el vals, la barcarola y 
otros géneros caducos; una declamación poética rancia y tópica que no teme 
caer en la retórica más polvorienta), para después "hacerles sufrir, por 
una operación muy particular, una transformación que metamorfosee esa 
realidad". En el caso del OICOP, la propia inoperancia instrumental se 
confunde con la improvisación musical y conduce a una sensación de ambiguo 
/extrañamiento/, y la dicción retórica no se aplica sino a textos 
convenientemente delirantes, y se extrema hasta volverse contra sí misma y 
fundarse como voz oracular, con lo que la simple burla trasciende a un 
clima inesperadamente poético y encantatorio, agresivo y perturbador: como 
volver a la infancia. Es que, una vez más, sólo desde la realidad tiene 
sentido la imaginación, y sólo los lugares comunes y la cotidianidad más 
estandarizada son rivales dignos con los que ella puede y debe medirse (ver 
nota nº 4). /Todo lo demás es literatura/, o como diríamos ahora, simulacro.
* * *

Pero la actividad perniciosa del OICOP no se limita ni mucho menos a sus 
"actuaciones", sino que contagia toda su vida cotidiana, sus actos y sus 
gestos, así como sus intervenciones públicas. Las fotos que acompañan este 
texto ilustran una de ellas, modelo posible de agitación poética. Un sábado 
por la tarde, en el cruce de algunas de las calles más comerciales de 
Valencia, los patafísicos aprovechaban el momento en que se cerraba un 
semáforo para, vestidos de rigurosa (y anacrónica) etiqueta, oficiar una 
solemne ceremonia de la toma del té, con sillas, mesa y mantel incluídos, 
en pleno paso de cebra, ceremonia que se interrumpía con el semáforo en 
verde, para ser continuada en el paso de cebra vecino, y así sucesivamente. 
Ninguna presencia de los medios de comunicación, ninguna pretensión 
artística, ni una sombra de vulgar happening. El OICPV tomaba el té porque 
le apetecía, por puro placer, porque sí. Que la masa movilizada por el 
consumo sintiera estupor ante tan ilustre ceremonia, que ese estupor 
pudiera levantar siquiera un atisbo de sospecha, en algunas personas no del 
todo hipnotizadas, sobre lo que significa el ocio en las sociedades 
contemporáneas, sobre cómo vivimos, incluso sobre cómo podríamos vivir... 
son efectos siempre deseables, puede que hasta conscientemente buscados, 
pero siempre /secundarios/. Así al menos lo entienden los patafísicos, que 
hoy beben té en la calle, ayer avanzaban impertérritos por la playa 
vestidos de rigurosa etiqueta para bañarse en el mar con la más olímpica de 
las serenidades, antesdeayer se ofrecían a los pasajeros de un autobús como 
empleados de la Compañía de Autobuses para satisfacer todos los deseos de 
los usuarios en lo que durara el trayecto (recordemos que en nuestro tiempo 
sin gusto ni estilo, las elegantes galas se confunden fácilmente con un 
uniforme oficial), y hace 15 años transformaban los nombres de las calles 
de Burriana, cambiando la /Calle Salvador/ por (era obvio) /Calle Salvador 
Dalí/, y la calle /Divina Pastora/ por /Calle Adivina la Hora/ (el absurdo 
no está tanto en estos juegos de azar y lenguaje sino en que, 15 años 
despues, las calles siguen con el mismo nombre, lo que dice mucho tanto de 
la diligencia de los ayuntamientos como de la ceguera y estabulación de los 
ciudadanos, incapaces de observar /algo/ alrededor, porque viven en la 
/nada/). Y mañana, tal vez, se disfracen de conejos para romper el sentido 
del trabajo, el sentido del deber y todos los sentidos de la vida actual, 
tal y como proponen en el texto-programa de acción que se transcribe a 
continuación, y del que sólo se puede lamentar que todavía no se haya 
llevado a la práctica.



LOS CONEJOS, CHISTERA EN RISTRE, RAPTAN AL PRESTIDIGITADOR

por el Dr. Bungalou Lumbago A'tresbandas, Doctor en Patafísica, 1998 [8473 
desde el reinado del Padre Ubú]

El Dr. Bungalou pretende con este mini ensayo teórico-práctico acribillar a 
los acadudalados bienpensantes de la razón impreante, esto es, a los 
fervientes defensores del más común de los sentidos que, si para un perro 
es el sentido del olfato, ya que es en estos mamíferos donde juega un papel 
preponderante en la hora fatal de la reproducción, sin embargo, hete aquí, 
que para los hombres y mujeres este sentido es el sentido común, llamado 
así por la excesiva facilidad con la que prende en los espíritus que se 
pliegan ante la promesa de un provechoso destino. Los Doctores en 
Pataphysica, siempre ojo avizor, si acaso pertrechados bajo el parche del 
disimulo ante su malcarada gobernante, es decir, ante su conciencia, la 
cual recibe en el vestíbulo de su cerebelo de 12 a 14 hrs., recogen con los 
dedos de su mano más próxima el hilo de saliva que se balancea como una red 
entre sus labios y el vacío y lo aplican como agua de Mayo hacia las 
regiones mas inferiores de su conciencia que huye engalanada por la 
prodigiosa longanimidad de su adversario, es decir, de su propio Doctor ( 
ya se sabe: todo Doctor en Pataphysica tiene su propia conciencia aunque el 
Doctor se empeñe en negarlo repetidamente ). Los hechos serán los 
siguientes: cariacontecidos como un erizo ante una batalla campal van los 
pasajeros de los autobuses regulares camino de sus ocupaciones habituales. 
Es un lunes por la mañana, Cronos tuerce la nariz, dan las ocho. El 
trolebús para, abre sus puertas automáticas y un Doctor en Pataphysica sube 
vestido impecablemente con un disfraz de conejo de la mejor calidad- saca 
una zanahoria y busca sitio para sentarse; es muy temprano, esto no son 
horas, ni siquiera para un Doctor en Pataphysica disfrazado de conejo. 
Todos los asientos estaban ocupados pero ¡Oh Novedad! ahora están 
totalmente libres; sus ocupantes se han enderezado dando su primer salto en 
todo el semestre y se han sujetado de las argollas que el autobús concede 
-invitando a la horca- para sus huéspedes en un gesto de cortesía sin par. 
El Pataconejo se acomoda en el mejor asiento del autobús ¿? y espera 
pacientemente.

El conductor masca tabaco, lo hace desde mucho tiempo atrás, así pues, no 
se apercibe de lo que ocurre a su alrededor. Otra parada. Nadie se apea; al 
contrario otro Pataconejo sube y, al estilo inglés, se sienta dos filas más 
allá de su congénere. No se hablan; ni se han mirado; esta circunstancia ha 
calado profundamente en el ánimo de los presentes inyectándoles el aguijón 
que lleva el veneno de una creciente curiosidad. La escena se repite 
solemne y meticulosamente durante 7 estaciones más. Hay 9 Pataconejos en el 
interior y, ahora, los pasajeros ya no son los mismos aunque numéricamente 
la cifra sea idéntica a la que existía cuando apareció el primer 
conejo-doctor. Ninguno ha abandonado su puesto, sin embargo, muchos serán 
despedidos de sus trabajos, otros dejarán -esa mañana- los pechos de sus 
amantes en carne viva, los más se habrán librado de otra deuda..... un 
crimen ?, un amor ?, las reprimendas del sastre ?...... En el exterior, un 
viandante -al ver el autobús repleto de conejos- realiza un acrobático 
doble salto mortal y acto seguido aborda -en su aterrizaje- a una pacífica 
viejecita a la que sin más miramientos le entrega toda su ropa y desaparece 
misteriosamente de la calle ocultándose en el alcantarillado. De pronto un 
espasmo general penetra en los hocicos de los Pataroedores, hay gritos y 
alboroto; un zorro, falda escocesa y jersey a cuadros, acaba de subir 
portando una carpeta llena de planos y un escalpelo. A su vez, los 9 
Pataconejos apretujados en la parte trasera lanzan ortigas diminutas -que 
extraen de su chistera- sobre tan inoportuno mamífero. La situación se 
complica y los conejos presionan repetidamente "parada solicitada". El 
conductor frunce el ceño, escupe tabaco y frena. Las puertas se abren y los 
Doctores-conejos corren despavoridos; mientras, el zorro, animal de 
costumbres, se acomoda al lado de una señorita de exagerada fragata y, con 
la excusa de los planos y el escalpelo entabla animada conversación. Una 
vez mas el desorden público ha sido restablecido; pero ahí no acaban las 
Patafechorías. Los conejos se desprenden del traje de conejo y los Doctores 
en Patahysica reaparecen deslumbrantes con la sonrisa de Humpty Dumpty 
dibujada en el semblante.
* * *



Se equivocaría el que quisiera encontrar en estas acciones un mero sentido 
lúdico, o el puro delirio sin consecuencias. Que tales elementos estén 
también presentes en el OICOP, es innegable, y además muy saludable. Pero 
el OICOP asume y practica a su manera y quizás sin saberlo ciertos 
principios y métodos de los movimientos actuales de contestación social, y 
de lo que intenta ser la crítica revolucionaria de nuestro tiempo. Como en 
el caso de sus "representaciones", la crítica del comportamiento que 
cotidianamente aplican los Doctores del OICOP parte, en principio, de la 
realidad más vulgar y anodina, que es precisamente la que conviene sabotear 
y subvertir, poniéndole delante un espejo para que se reconozca en su 
miseria y en su imbecilidad. Por otro lado, es bien conocido que actos como 
por ejemplo la transformación de los nombres de las calles se han utilizado 
durante los años 90 en muchas de las luchas sociales, por medio de las 
llamadas "acciones estéticas" o "simbólicas", que han intentado incorporar 
el humor y la imaginación a la protesta política, inspirándose en los 
presupuestos utópicos de las vanguardias históricas que intentaron fusionar 
el arte con la vida y con la lucha revolucionaria (ver nota nº 5). Tan en 
boga han estado estas acciones, que han terminado por llegar al MACBA de 
Barcelona, donde se han impartido clases de "guerrilla estética" para los 
futuros activistas. Semejante inflación no podía sino generar dudas muy 
justificadas, como la de aquellos grupos que tachan tal actividad de "no 
acción" por ser espectacular, pasiva, impotente, cobarde y reformista. Sin 
duda el debate no está agotado, porque la dimensión simbólica del ser 
humano y de la sociedad en la que se integra o que desea transformar, 
dimensión donde entraría lo imaginario, los sueños, el inconsciente 
personal y colectivo, el /simbolismo de clase/, los mitos y las estructuras 
mentales de cada civilización, no deja de ser tan real como la esfera 
económica o política: no debería ser necesario recordar a pensadores como 
Sorel, Benjamin, Breton, Bataille o Castoriadis para aclarar este punto. 
Por lo tanto, no es descabellada una actividad que se proponga actuar sobre 
la materia simbólica y la conciencia de las personas, mediante estrategias 
que partiendo del legado de cierto arte y de cierta poesía se basan también 
en la utilización de lo imaginario y del símbolo, para desencadenar una 
serie de consecuencias prácticas en la lucha social. Pero una de las 
debilidades de esta estrategia es su dependencia asumida de los medios de 
comunicación, con los que se cuenta para que publiciten un acontecimiento 
que se convierte por lo mismo en seudoacontecimiento; otra, el voluntarismo 
que se obsesiona en positivizar la acción simbólica, en darle una función 
útil y práctica que, al no corresponderse siempre con la realidad, acaba 
por suplantar a la acción real. Ambos errores van de la mano, 
intrínsecamente unidos. Tal vez la acción que preferiríamos llamar 
/poética/, para reencontrarse consigo misma, necesite volver al anonimato 
más estricto, aun pagando el precio de pasar desapercibida, y de refundarse 
en su irresponsabilidad, en el placer que a sí misma se causa: que causa a 
los que las ponen en práctica, decimos. Sin renunciar a la voluntad 
subversiva de cortocircuitar por medio del choque poético las costumbres 
mentales y el proceso de descomposición del aparato afectivo, de lo que se 
trata hoy es de esbozar a partir siempre de la realidad objetiva una cierta 
/poética de la vida cotidiana/ tan imprescindible como la crítica de la 
misma, pero, a diferencia de ella, autocomplaciente, gozosa, siempre 
gratuita, aunque por su condición escandalosa, por su negación de las 
experiencias clonadas y de la muerte lenta de la economía del aburrimiento, 
esa poética pueda y deba metamorfosearse en crítica, en un proceso 
dialéctico del que desgraciadamente todavía ni conocemos ni dominamos sus 
leyes. Hablar desde la miseria omnipresente de placer y gozo es caer sin 
duda en el discurso utópico que desea encontrar ya en lo real aquello de lo 
que la realidad carece, pero, aun asumiendo la necesidad ante todo de una 
crítica negativa que emprenda el /gran trabajo de demolición/ pendiente, 
hay quien no renuncia a la afirmación de la vida contra la dictadura de la 
muerte. La crítica negativa que por puritanismo o rigor da la espalda a 
cualquier dato sensible o afectivo que demuestre la pervivencia de lo vivo, 
se tranforma en /miserabilismo/; y el miserabilismo tiende a apuntalar la 
miseria, o a edificarla.

Esa básica banalidad es la que no olvida el OICOP en su existencia 
cotidiana. Por eso mismo, lo que al fin y al cabo se expresa públicamente 
en el terreno equívoco y limitado del "arte" ("arte escénico", en su caso), 
lo que podría interpretarse como un juego fútil que se empeña en el delirio 
por el delirio, y que parte de un desprecio confeso y nihilista por lo 
político, desemboca en algunos de los problemas que se plantea la 
impugnación radical de nuestro tiempo (ver nota nº 6). Porque lo que está 
vivo y se manifiesta como vivo siempre termina por unirse a la lucha por la 
vida contra la superviencia, igual que el sueño se ramifica en la vigilia, 
o la razón encuentra al fin a su doble.
___NOTAS___

_1_. En una publicación surrealista de 1947, Jules Monnerot hablaba ya de 
cierto /pecado de imaginar/ que se concretaría hoy en la prohibición 
efectiva de atreverse a vislumbrar siquiera una organización social 
diferente a la dominante, prohibición que se materializa no tanto desde el 
exterior sino desde uno mismo, en cada uno de nosostros. No es casual que 
nuestro tiempo no segregue utopías, sino contrautopías. Esta mediocridad 
imaginativa no pasa sin consecuencias nefastas. El caso argentino es muy 
ilustrativo de esta debacle del espíritu. Aunque la reinvención de la 
asamblea y del trueque están sustituyendo en muchas zonas a la autoridad 
del Estado y a la economía de mercado, existe todavía un prejuicio, un tabú 
que impide extraer las últimas consecuencias de un proceso que ya es 
revolucionario: la dificultad casi invencible de proponerse y proponer otro 
mundo, otra vida. Por esta grieta se cuelan la resignación y el 
escepticismo que traen de regreso a los "hombres providenciales", los 
políticos honestos, las recetas infalibles y tradicionales del FMI, las 
ayudas del Primer Mundo, y el consabido convoy de ilusiones consoladoras. 
No es casual que en algunas asambleas de Argentina se empiecen a debatir la 
necesidad de propuestas, y no sólo protestas. Para que esas "propuestas" 
sean /destructivas/ y no caigan en el reformismo, el ejercicio crítico de 
la imaginación quizás esté supeditado a la afirmación de la teoría 
revolucionaria y a la maduración de la conciencia de clase, pero debe estar 
junto a ellas, y mejor cuanto más cerca.

_2_. Negativo, en el sentido de que estos actos deberían por su propia 
lógica resultar inaceptables para el orden y la legalidad dominantes, 
cayendo así en la misma delincuencia, desde el punto de vista de ese orden. 
Como decía Vaneigem a propósito de los "actos surrealistas" escandalososy 
provocadores que sugería el Primer Manifiesto de Breton, cuando critica que 
no proliferaran con la suficiente conciencia y sistematización, "llamar 
surrealista a todo acto sancionado por las leyes habría puesto el acento, 
en un primer momento, sobre la alienación general, sobre el hecho de que 
nadie puede ser uno mismo sino obedeciendo a la parte inhumana que el 
condicionamiento del Estado y de sus mecanismos introduce en cada cual. A 
continuación, se podría haber distinguido entre los actos 
´repensibles´desde el punto de vista de las leyes, y que se inscriben en 
precisamente en la lógica de muerte, en la lógica de la inhumanidad 
impuesta por el poder, y los que al contrario, nacen de un reflejo de la 
voluntad de vivir" (/Historia desenvuelta del Surrealismo/"). Aun sin caer 
bajo el castigo de las leyes, desde luego todo comportamiento que se quiere 
libre tiene que pasar también por esta prueba de fuego: darse cuenta de que 
su reino no es de este mundo, que al expresarse en plenitud, choca 
inevitablemente con los límites del orden dominante, que, quiéralo o no, lo 
niega y lo combate. En el caso del OICOP, baste con decir aquí que su 
concepto de /vida inspirada/ ha chocado alguna vez, efectivamente, con la 
policía. Hasta el punto de casi provocar un motín popular.

_3_. Hace ya varios años, el OICOP "actuó" en el Círculo de Bellas Artes de 
Madrid, en el marco del Festimad. Ya hacia el final, las risas, las 
sonrisas y la complaciencia indulgente del público sobrado de sí mismo se 
congeló y cayó hecho pedazos cuando el Dr. Bungalou Lumbago Atresbandas 
pronunció estas sencillas palabras: /"La patafísica ha vuelto para destruir 
vuestro mundo. Por eso se intenta aniquilarla. Porque cuando la ETA mató a 
ese Tomás y Valiente que tanto queréis y por el que tanto lloráis, se 
equivocó, ya que quería acabar con los patafísicos"/. Aunque luego el 
discurso recuperaba el tono humorístico y aparentemente enloquecido, el 
daño ya estaba hecho. El atentado del famoso jurista estaba efectivamente 
muy reciente, y la broma se comprendió como lo que era, como un insulto.

_4_. "Lo propio del surrealismo es partir de lo real, tenerlo siempre 
presente e intentar descubrir en esa realidad una dimensión que le es 
inmanente, y que se ha llamado surrealidad", puntualiza Sourois. "EL OICOP 
no es sordo ni refractario a los hechos desnudos, cuando quiere los extenúa 
con el rigor y la sensibilidad de un combatiente, los goza, los apura como 
para quien vivir significa matar, los ordena en campo abierto para 
estrellarse contra ellos con titánico vigor sexual, y la palidez resultante 
del encuentro produce desmesuradas erecciones y desmesuradas flaccideces. 
Indistintamente Edipo inquiere a la Esfinge o toma el té con ella", aclara 
el Dr. Quatre Vingt Cocotiers en el manifiesto ya mencionado.

_5_. Para una visión de conjunto y de primera mano de estas acciones, es 
recomendable consultar el folleto /Acción directa en el arte y la cultura/ 
(entre textos teóricos clásicos y futuros clásicos de Paul Nougé, Debord y 
Wolman, Hakim Bey o Luther Blissett, contiene reflexiones pioneras de la 
primera mitad de los 90 en España, o al menos en Madrid, como las de 
/Preiswert Arbeirtskollegen/, /Industrias Mikuerpo/ o el Grupo Surrealista 
de Madrid), editado por Literatura Gris. La misma editorial ha publicado un 
sabroso dossier del Luther Blissett de antes del éxito literario, /Pánico 
en las redes. Teoría y práctica de la guerrilla cultural/ < 
http://www.altediciones.com/0022.htm >. La editorial Virus, en fin, ha 
editado también un compendio casi enciclopédico de todas las tácticas y 
tendencias de este "modo de lucha": /Manual de guerrilla de la 
comunicación/ < http://www.altediciones.com/0023.htm >.

_6_. Sin embargo, hay una objeción fundamental a esta /realización de la 
patafísica/. ¿No amplía y se complace quizás en la confusión propiciada por 
el espectáculo, por los medios de comunicación, por el /principio de 
realidad virtual/ de esta economía de la fantasmagoría en la que vivimos? 
¿No puede coincidir con las estrategias de falseamiento de la realidad y de 
la existencia, en vez de enriquecerlas y liberarlas? ¿Se puede apagar el 
fuego arrojando más madera? Los Hermanos Marx dirían que sí; cierta crítica 
radical no está tan segura. Existe un peligro evidente en complacerse en 
una actividad y una actitud todo lo imaginativa que se quiera, pero que 
puede recordar desgraciadamente las estupideces de los /mass-media/, los 
entretenimientos disparatados de la economía posindustrial. Este peligro 
podría arruinar desde la raiz la empresa patafísica, al menos vista desde 
el /exterior/. En este sentido, tal vez sería útil conocer unos extractos 
de la réplica a tales objeciones del principal animador del OICOP, Hilario 
Traver, el Doctor Bungalou Lumbago Atresbandas:

/"Los doctores hacen sus acciones de perversión por el placer primario que 
esto supone como una forma de volver a vivir las experiencias de la 
infancia, en el sentido de lo hecho y experimentado por primera vez. Los 
sujetos que se dedican a las endebles manifestaciones como la "cámara 
oculta" o Gran Hermano, vuelven a sus casas con la conciencia bien 
acomodada y su vida bien ordenada donde no entra ni una mota de polvo de la 
VIDA. Así se pudren en su cielo particular. Estos individuos entran dentro 
de la normalidad y no salen de ella. Los que participan en estos programas 
no estan en guerra con ellos mismos y sus actos son equiparables a lo que 
suelen realizar en el cuarto de baño, o en el salón-comedor, oficina, etc.

Desbaratar el sistema de valores y creencias de estos "bienpensantes" es 
nuestro cometido. El lenguaje y con él las relaciones sociales donde se 
manifiesta puede ser un buen punto de partida.

Los actos patafísicos son enteramente gratuitos, son realizados por 
diversión, puro placer, exento de cualquier condicionamiento, y, en este 
sentido, la calle es como una prolongación del espíritu patafísico donde 
surge la pregunta: ¿Qué voy a hacer con mi vida? En la misma calle están 
las claves para la respuesta, ¡ojalá no sea nunca contestada!"/


+++

[Copieteado maliciosamente :P de http://www.altediciones.com/t33.htm ]



[Tabla de equivalencias de formato-texto plano empleada en este texto]

/palabra/ == palabra (en cursiva)
_palabra_ == palabra (en negrita)
___palabra___ == palabra (con fuente grande, o título principal)

* La causa de la conversión del formato en texto plano es que preferimos no 
hacer demasiado uso del ancho de banda de las redes de comunicaciones, 
salvo cuando veamos que sea necesario, y no queremos que empiecen a 
proliferar cuentas de uno o varios gigabytes como respuesta (/parche/) a la 
cantidad de información que llega a nuestros buzones de correo cada día 
(mucha de ella, spam, y mucha de ella, también, correos con grandes letras 
y escaso contenido).


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mi familia es la humanidad
y mi patria,
el mundo
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